Por: Francisco Vázquez Salazar

Tomada de El Universal/Reuters

Hace algunos años leí el libro “Paseo de la Reforma” de la escritora Elena Poniatowska. No es un secreto para mis amigos lo que opino de esa obra, la cual, para ponerlo en común, me pareció cursi, lleno de lugares y referencias básicas, extensión de la expiación y, en dos palabras, texto limpiapecados.

No tengo ningún interés en causar polémica con esto. Doy mi opinión como lector y punto. Pero traigo a colación este pasaje porque sin ningún tipo de rigor ni rubor vuelvo a pensar lo mismo tras una colaboración de la maestra Poniatowska en el periódico La Jornada, la cual se cabeceó “¿Cómo ven?, ¿Qué les parece?, ¿Está bien?”, en referencia a la “asamblea informativa” encabezada el sábado 8 de julio en el Zócalo capitalino por Andrés Manuel López Obrador, líder de la Coalición por el Bien de Todos.

Estas frases, celebrantes en todo lo alto, quieren esconder la verdadera naturaleza de lo que fue ese evento: la convocatoria de un personaje derrotado en unas elecciones cerradas que hoy por hoy tiene en sus manos varias llaves para abrir la puerta de la civilidad política, la confrontación institucional o, de plano, la del enfrentamiento entre mexicanos.

Por más que me esfuerzo, no logro tener la idea de cómo hacer que en una reunión de supuestamente 300 mil personas haya retroalimentación, frente al poderoso micrófono que es empuñado por el líder de la “asamblea”, él solo, rodeado de incondicionales, de cara a un maremagnum humano, que atina apenas a dar la vuelta a su propia crítica.

A los líderes los construyen quienes creen en ellos, y poco hacen los que entre los cantos de sirenas y la embriaguez propia lo único que consiguen es poner en la voz y los ojos del otro palabras y luces que suenan y se ven lejos, justo en la metáfora y los retruécanos.

Eso de que mientras el líder consultaba a la “asamblea” el hijo de la escritora, Mane, respondía con un "no, yo a esa hora no puedo, ya tengo un compromiso”, lo único que refleja es las ganas lindas de escribir, la emoción de quien perdió, la sin razón de la mirada corta. Véanlo, la frase referencial termina así: “y los demás ríen”, como lo hice yo, carcajada imparcial que todavía me saca risitas incómodas.

No calienten, señoras y señores, cuando hay fogón y es de todos. No quiero poner en entredicho la “asamblea” ni el razonamiento político de los militantes y simpatizantes. Sí lo hago en referencia a quienes, a fuerza del absurdo, quieren hacer ver lo que no es y con eso se convierten en la extensión de la mentira y la irreflexión.

En lo personal, me inclino por que López Obrador, con base en su fuerza demostrada, haga uso de otra estrategia, con miras a un mediano plazo y que permita aglutinar la verdadera izquierda progresista y democrática que tanta falta hace a México para equilibrar y enriquecer la vida política y el debate público. Espero poder comentar más esta parte en algún momento.