Foto tomada de El Universal Online

Parte de la resistencia civil pacífica que ha emprendido el candidato Andrés Manuel López Obrador para imponer el “voto por voto, casilla por casilla” ante un supuesto fraude electoral en México ha sido dotada de acciones creativas y, en el mejor de los casos, de enseñanza, de aprendizaje popular.

En la esquina de Madero y Motolinia, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, un hombre cuarentón, con lentes y vestimenta sport, gritaba cuanto podía para enseñar a decenas de personas sobre la filosofía editorial de los principales periódicos de la capital.

Clases de periodismo a los resistentes y transeúntes, cual universitarios tomando la materias de nota informativa y géneros de opinión, las que alguna vez estudié en las aulas de la UNAM.

Lúcido, concreto, con ejemplos, el eventual profesor callejero hacía comparaciones entre los titulares de los periódicos Reforma y La Jornada, para descubrir qué medio y qué plumas estaban de qué lado y por qué.

Iba al interior de los diarios y enseñaba sobre lo que es un editorial y la sección de opinión en la que se suelen llevar los debates que interesan a la sociedad y que hoy en día, en México, se centran en el resultado de las elecciones y las acciones de resistencia del candidato visto como perdedor.

Con una formación que parece de editor y experiencia de trabajo en medios, el improvisado profesor pueblo enseñaba que es en el editorial donde los periódicos, en tanto empresas, emiten su visión y su pensamiento con relación a los temas vigentes en la sociedad.

Ahí la gente, agazapada, como podía se iba interesando en las tripas de las redacciones, las decisiones que llegan a tomar los editores y directores y las alianzas de los dueños y accionistas de los diarios para exponer tal o cual tema, atacar a un personaje o grupo, mantener privilegios y crear psicoambientes sociales. Todo, a decir del profesor X.

Estoy seguro que tras esta plática callejera, las decenas de personas que aprendían del profesor pueblo ya no verán con los mismos ojos los diarios capitalinos. Algo habrá de desconfianza y mucho de análisis frente a lo que “se quiere hacer pasar como realidad vista objetiva e imparcialmente y que no es más que un juego y una manipulación de intereses”, según el profesor.

Esto va para todos. Porque así como el conferencista hacía su enseñanza con ganas de inclinar hacia un lado el pensamiento de quienes lo escuchaban, habrá, en otro lugar, sin campamentos de por medio, quien haga el mismo ejercicio para influir de una manera exactamente contraria, es decir, desnudar al que no piensa o actúa como uno.