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INTERSTICIO

Somos libertad y somos unidad. Podemos estar tan lejos o tan cerca, como nos lo permita la inteligencia. El espacio que media entre nosotros es grande o pequeño, según percuta la palabra.

28 Noviembre 2006

EL BIEN MERITO DE LAS AMÉRICAS

Por Carlos Rodrigo F. Sáenz

Foto tomada de images.google.com.mx

Todo un tema de estudio, que más allá de las esferas políticas debería de analizarse, es el gran arrastre social que provoca el carisma de Andrés Manuel López Obrador. Tanto, que logra que sus adeptos dentro de las clases populares le sean incondicionales comparsas, y que sus allegados políticos le sigan teniendo fe a ese gallo. Relevante en verdad, pues hace muchos años que en México no se gestaba un líder social de tal magnitud e importancia (y no digamos injerencia) dentro de la vida nacional.

Está bien claro y es innegable: AMLO es un líder poderoso.

También queda manifiesto que el gobierno foxista en particular, y otras facciones políticas más taimadamente, trataron por todos los medios de sabotear su llegada a la presidencia; incluso dentro del PRD hubo fracturas que definieron muy bien los intereses sectarios de tal organismo político.

Vino el 20 de noviembre, y AMLO, fiel adicto a las fechas importantes y a emular próceres de rancia plusvalía dentro del contexto de las clases populares, se autoproclamó “Presidente”, con el festivo apoyo de una considerable porción de la sociedad mexicana.

Si tal evento hubiese acaecido hace 150 años, la historia de México, y quizá de la América Latina, habría dado un golpe de timón radical. Pero la población ya no es tan ingenua como antaño, y las ambiciones de poder por parte de los políticos ya son del dominio público; a tal grado se ha evidenciado esta actitud depredadora que es precisamente debido al desencanto y decepción por nuestros líderes e instituciones políticas que la población ha optado por la elección de otros representantes. El mismo Fox fue el agraciado del castigo que el pueblo impuso al PRI; y ahora, AMLO, es el usufructuario de la gran decepción panista. Y seguramente el “Peje” tendrá su némesis llegado el momento.

Habemos ciudadanos que somos suspicaces ya ante la elevación de santones sociales, sobre todo cuando éstos vienen a erigirse sobre las cenizas de prohombres pretéritos, que aparentemente les abrieron un portentoso derrotero histórico que los sitúa cual Mesías imprescindibles para la salvación del pueblo, y garantes insustituibles de la gloria nacional.

En política, pienso yo, todo aquel que se ostente como líder predestinado, no es otro que un maquiavélico adicto al poder, y un enfermo adicto a la autarquía.

Las consecuencias políticas, sociales y económicas de la representación teatral ocurrida en la plancha del zócalo capitalino son de pronóstico reservado, pero sí, en el momento en que un ciudadano cualquiera se pone a fabricar sus leyes y voluntariosamente proclamarse manda más, se puede asegurar que muchos lo tomarán de ejemplo, y no precisamente para el bien del país, por el contrario, este justicialismo social conducido egoísta, esquizofrénica y atentatoriamente, dará tales frutos tan putrefactos dentro de las mentes proclives a lo criminal, que, en lugar de Mesías salvador, AMLO será recordado como aquél que le dio el tiro de gracia a la agonizante coherencia social mexicana; y en lugar de unificador del pueblo para una causa digna, se verá señalado como el creador de castas recalcitrantes, antagónicas e irreconciliables, que pondrán en riesgo incluso la unidad nacional.

Tristemente seguimos esperando a KetzalKóatl. Infamemente persistimos en delegar el derrotero nacional en aquellos que históricamente nos han traicionado: los políticos con sus bajas pasiones.

Pensemos que el bien de un pueblo y de una patria no es obra de los planes pretendidamente magistrales de líderes comprobadamente perturbados. Toda la bondad y la prosperidad nacionales, sociedad incluida, serán producto de que cada uno y todos los ciudadanos de este país respetemos las leyes y las hagamos respetar. Y eso sucederá cuando abandonemos la tranza, la corrupción, cuando dejemos de depredar y emporcar nuestra patria, cuando perfeccionemos nuestra educación y seamos mexicanos de primera, ya que cuando esto suceda, los políticos serán simples y eficientes funcionarios públicos.

Pero mientras continuemos tratando de magnificar nuestras taras sociales, con el pretexto que se quiera y la finalidad que se pretexte, seremos pasto de ambiciosos, víctimas de nuestra apatía y herederos de demagogias multicolores que tan solo nos han convertido en vergonzantes politiqueros de esquina y en ilusos acarreados.

Dejemos ya en el pasado la catastrófica mácula del “ya merito”, y el trauma nauseabundo de “el destino adverso”. Aprendamos a ser mexicanos comprometidos con su nación y con su patria. No sigamos vendiendo nuestro futuro a quien nos garantice la cómoda molicie de los mediocres. No permitamos más que compren nuestras conciencias con dádivas, dádivas tales que salen, a fin de cuentas, de la riqueza nacional que a todos corresponde.
Por lo pronto, observemos bien y reflexionemos cabalmente el telenovelesco proceder del nuevo “Bien Merito de las Américas”, y atengámonos a las consecuencias de nuestros actos.

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Miriam

Miriam dijo

¡Qué onda! ¿desde noviembre Intersticios no publica nada nuevo?

7 Mayo 2007 | 08:55 PM

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Sobre mí

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Este soy yo/ Arte Digital Sáenz Francisco Vázquez Salazar Cursé la Licenciatura en Comunicación y Periodismo en la Facultad de Estudios Superiores Aragón, de la Universidad Nacional Autónoma de México. Ver más sobre mí enlace

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