PERO NO LE HABLE A MI HIJA…
Dominguito sabroso, cafecito mañanero imperdonable, levantarse pensando que las quecas esperan y luego, pues luego ya veremos, total, barriga llena corazón vamos viendo qué hacemos.
En esas estaba el día cuando decidí salir a caminar cerca del mercado Portales, colonia donde vivo. Me gusta hacerlo seguido, la zona se llena de todo tipo de personajes, desde lo más popular hasta lo fifí anticuado.
Y justo un personaje poco comprensible, rucona como de un ochentón, se puso frente a mi, detuvo mi caminata matinal y que me sorprende con un “oiga joven, ¿no sabe dónde hay una como heladería en una esquina cerca del mercado?”.
“¡Ni puta idea!”, pensé para mí. Hice un giro de 360 grados sobre mi eje y ni madres, ninguna chingada heladería. Y ahí tienes al baboso del Paco: “Mire jefa, no sé, pero ahorita la buscamos, usté no se preocupe”. Y pa pronto la ñora se cuelga de mi brazo izquierdo y a caminar
Una calle, dos, tres, y ni madre. Yo veía a la viejita que nomás sacaba la lengua pero no decía nada. Comenzaba a apurarse porque, en serio, no encontrábamos ninguna heladería en ninguna de las cuatro esquinas que dan al mercado y entonces se me ocurrió algo genial.
-- Señora, mire, ¿y si mejor le hablamos a un familiar? No sé, dígame, ¿con quién vive?
-- Vivo con mi hija, pero no, no se preocupe, ahorita encontramos el lugar. Es que al lado de la heladería vive doña Cuquita, mi amiguita, todos los domingos la visito pero ahorita no estaba, me abrió su hijo y me dijo que si gustaba esperarla o si regresaba en un ratito más. Se me hizo fácil caminar para hacer tiempo y mire, ahora ya no sé a dónde es.
-- No se preocupe –salí con mi batea. Vamos a encontrar la casa de doña Cuquita. Dígame, ¿por dónde llega usted normalmente?
Y ahí tienen a doña ruquis braceando para allá, para acá, hecha camote y de paso yo también. En esas le logro entender que llegaba por el Eje 7-A Sur, Emiliano Zapata, que bajaba en la esquina de un banco “y de ahí pa dentro, todo derecho, derecho…”
Ahí vamos, cual nieto con su abuela sacándola a pasear para que no se quede enjuta sin que nadie se dé cuenta que existe. Caminamos fácil otros 15 minutos y lo único que pensaba es cómo era la “hijita” de la doña, seguro tan ojéis como para deshacerse de su madre los domingos y tener cancha libre para retozar a gusto con el amante en turno. “Inche vieja”, pensé.
-- A ver doña, ¿es aquí? ¿Ese es el banco?
-- Ay m’ijito, ya no me acuerdo. ¿Creerás que no me acuerdo?
Nooooo, si no nomás creo. Chingado, y yo que planeaba un dominguito apacible.
-- Mira, mira, ese es el banco (era de esas esquinas con dos sucursales distintas). Es aquí, todo derecho, ahora sí, todo derecho.
Respiré un poco, pero igual, no estaba del todo cierto que debiéramos caminar todo derecho.
Y ahí vamos de regreso, una, dos, tres, chingo de calles y la ruquita todavía con sus dudas de “no veo la heladería”, “ah, esa es la jacaranda”, “no, pero es que esta tienda no estaba”. Je, je, ¡qué pinche divertida me estaba dando!, ¿y dónde putas estaría la hijita de doña ruquis?
-- Oiga, yo digo que ya mejor le hablemos a su hija, ¿se sabe su teléfono?
-- Este, eh, este, pero no joven, mire, ¡aquí es, aquí es!
Ah chingá, pero si por aquí ya habíamos pasado una y otra vez y de pronto sale con que ya llegamos. ¿Y eso?
-- ¿Está segura? A ver, toque.
Y sí, sale un joven todavía más pendejo que yo, la reconoce y le vuelve a decir, pa suerte de perro, que todavía no llegaba la cabrona de doña Cuquita.
No, pero ahorita le hablamos a la hija, la ñora va a querer otras vueltecitas y ahí sí, ya no le entro, de plano.
-- Déme el teléfono, no, mejor su dirección, a ver, despacio, la estoy apuntando, ahorita paro un taxi y le digo que la deje hasta su casa. Usted tranquila…
Y cuando estaba a punto de parar el taxi… "No, joven, no, mire, la verdad es que me escapé de casa, todos los domingos visito a doña Cuca, con la ayuda de un familiar, claro, pero esta vez mi hija no tuvo tiempo de traerme, tampoco mi nieta, y la verdad esto es lo único que espero cada semana, ver a mi amiguita, disfrutar un helado con ella. Si mi hija se entera que salí y me perdí nunca más me dejará venir aquí como lo he hecho otras veces sin que se de cuenta. Aquí déjeme, gracias por todo, yo ahorita la espero, ya de aquí no me muevo".
¡Gulp! Ahora sí pinche paquito, a ver di algo, inche ojete, mal nieto de todas las abuelitas del mundo.
Los ojos de un tremendo azul profundo de la señora comenzaban a llenarse de lágrimas. Yo estaba hecho un estúpido frente a ella, admirando la osadía de quien arriesga todo por un buen momento, por la amistad inextricable, por la fuerza de las personas adultas, ancianas, por rascar lo más a la vida, sin más miedo que dejar de hacerlo.
-- Señora, yo, yo… si quiere la acompaño otro ratito hasta que llegue su amiga.
-- Me conformo con que no le diga a mi hija. Que dios lo bendiga, gracias por todo –y que procede a dibujarme una inmerecida cruz en la cara.
-- Señora, yo, chale (ahí con que mi abue, qepd, se entere, me va a agarrar a varazos).
Tanta tristeza para terminar con esto: señores, señoras, cuando sea eso, procuren que no me las tope de frente (a sus abuelas), no estoy dispuesto a que el domingo me termine tumbado en la cama pensando en lo cuyeyos que son por no sacarlas a pasear cuando a las señoras se les hincha la chingada gana.
Cuídenlas, un justiciero anda suelto.



Francisco Vázquez Salazar
Cursé la Licenciatura en Comunicación y Periodismo en la Facultad de Estudios Superiores Aragón, de la Universidad Nacional Autónoma de México.
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Trilobite dijo
si te la sacaste padrino, solo esas cosas te pasan a ti, de hecho es una epoca de experiencias raras del tipo, preguntale a cursor
jajajja
17 Agosto 2007 | 11:18 PM