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La Coctelera

INTERSTICIO

Somos libertad y somos unidad. Podemos estar tan lejos o tan cerca, como nos lo permita la inteligencia. El espacio que media entre nosotros es grande o pequeño, según percuta la palabra.

3 Septiembre 2007

LA VERDADERA HISTORIA DEL MOCO VENGADOR

Que no vaya a ser estigma por favor, no quiero dejar de ser honesto con mis historias sólo porque alguna de ellas me marque y sea motivo de cotilleo a mi paso por los salones imperiales.

Pero fue así. Se trata de una de esas escenas de la vida únicas, irrepetibles, con su propia huella si lo quieren.

Algún día, en alguna tarde, en algún salón de una oficina de gobierno, en un acto con prensa, justo cuando iniciaba el evento me entretenía placidamente con un piqueteo a mis fosales nasales hasta que, lógico, logré aprehender una de esas cosas que damos por llamar “moco”.

En esas estaba cuando me comenzó a invadir un poco de pena. Sin abandonar al sujeto aprehendido saqué mi dedo índice de la mano derecha y el tal moco me lo traje conmigo para dejarlo un poco expuesto al aire.

El evento seguía y yo, mientras, con una mano sostenía la grabadora con la que captaba el audio y, con la otra, como ya lo he dicho, mantenía la masa mucosa, haciéndola bolita para, en un momento adecuado, desprenderme con elegancia y simpatía de ella, aunque no sé si también con un poco de tristeza.

Pero metiches que no han de faltar, mientras pensaba en la mejor forma de deshacerme del moco se me acerca una compañera periodista y, sin miramientos, y sin siquiera verme, menos a mi moco, apresurada me pide que sostenga por un momento su grabadora y justo procura ponerla en mi mano derecha, habitada en uno de sus dedos (o tal vez dos) por el gracioso ser del que ya les he hablado.

Como pude, en un pase magistral, logré pasar el moco a la mano izquierda para enseguida sostener la grabadora de la periodista. ¡Me salvé, y también a mi moco!

Apenas gozaba de este inicio de gloria cuando, quién lo puede predecir, desde el otro lado del salón se deja venir un viejo amigo a saludarme. Eran más rápidos sus pasos que mi manera de pensar para saber cómo putas lo podría saludar sin comprometer mi querido moco que, para entonces, espero lo comprendan, ya comenzaba a formar parte importante de mi historia en ese día.

En otra jugada maestra, logré ponerme una grabadora en cada mano (cuidando en todo momento a mi amiguis) y, con ese pretexto, pude recibir el saludo en la muñeca del lado derecho, no sin una dosis de comprensión y, seguro, de buen pensamiento de parte de mi cuate hacia mi persona, quien sin duda pensó: “’¡Qué trabajador es este cabrón!”.

Volví a colocar las dos grabadoras en mi mano izquierda y, con la derecha, comencé nuevamente a consentir a mi moco. Para entonces me era trascendente su existencia y si habría de perderlo tendría que ser de una forma honrosa para él y para mí.


No sé cómo me dejo llevar por la pendejez (tal vez por los discursos dormilones que se daban en el evento) que una grabadora la coloco en mi mano derecha y en un descuido hago que se pegue el moco en el cuerpo del aparato de colores plata y negro.

Era la grabadora de la reportera, lo que me pareció sensato que se embarrara un algo de moco. Pero con lo que no contaba era que justo en ese preciso instante la chica me pide lo que me encargó y, otra vez sin verme y como parte de su actuar acostumbrado, prácticamente me lo arrebata con todo y moco.

“’¿Y ahora cómo rescato a mi amigo? Ah no, este no se puede ir así nomás como así”, y con este pensamiento me entró una preocupación seria que ameritaba toda mi energía.

-- Oye, un favor, ¿podrías ahora tú detenerme un segundo mi grabadora? Sólo un segundo –y en otro estupendo lance, tras hacerme güey dizque amarrándome una agujeta, pedí mi grabadora pero ahora, como ella, arrebatando la otra, la suya, en una bien planeada confusión, hasta que logré ubicar a mi moco y rescatarlo de la posible furia de una extraña.

-- Perdón, perdón, es la tuya (“lo tengo, ahuevo que lo tengo”, sonreía mientras sentía la materia mucosita jugueteando otra vez entre mis dedos), esta es la mía, gracias, mil gracias.

Y la otra, tan babalucas: “no, de nada, de nada”.

Bueno, ya, era mucho estar pasando con mi moco ahí. El evento iba ya para la media hora y yo resolviendo pendejada y media con este amigo. Ahora comenzaba a pensar en qué parte depositarlo, algo que resultara heróico y glorioso para ambos.

Y como suele suceder, mientras mis ojos recorrían el salón para ir pensando qué hacer con mi moco, dónde dejarlo y cómo comenzar a recordarlo, se cruza por mi mirada un pendejo de esos bien modositos (“cosita linda”, pensé), de los que sabes que existen, te resultan absolutamente insípidos y, no obstante, te logran dar grandes ideas en momentos como en el que me encontraba.

“Mira nada más, querido moco, se me hace que esta tarde, y no sé hasta cuándo, viajarás en un saco Hugo Boss, con aromas que, si no me falla el olfato, son provistos por un tal Ralph Laurent. ¿Cómo ves querido moco, qué mejor manera de terminar con esto no?”, me cae, creánmelo que eso le pregunté, claro, en voz muy pero muy baja.

Hice lo necesario para colocarme cerca del cuerpo-vehículo que se llevaría mi moco. Lo demás fue sumamente fácil: puse a rodar una moneda de cinco varos de tal modo que se detuviera atrás del individuo. Por supuesto que cuidé que sonara la caída de la moneda, pues cuando se trata de dinero todo mundo pone atención y espera que, a huevo, sea la suya.

De inmediato me agaché antes que otros para levantarla y, tras incorporarme, muy como si nada, sabedor de que sería el héroe junto con mi amigo de esta peliculilla, ágil y veloz me disponía a tocar la espalda de quien les he hablado, cuidando que lo que traía entre mis dedos quedara, incólume, en alguna de sus hombreras.

Pero no fue necesario. Pasó algo mejor. El modosito volteó antes que yo alcanzara su espalda para dizque decirle que se le había caído una moneda y, reconociéndome, jubiloso se acercó de más. Político que era, acudió a abrazarme y darme las clásicas tres palmadas acompañadas de un “mi hermano, ¿qué gusto, cómo andas?”

Antes que pudiera responder verbalmente, fui vehemente con mis respectivas palmadas a la contraparte. Una de ellas, no sé cuál, iba cargada con un pequeño misil que se confundiría con el color oscuro del traje.

Era tanta mi emoción que no atiné a decirle mucho. Medio balbucee algo, la vida de mi moco me pasó en un segundo y sólo me aseguré que, en efecto, ya no estuviera conmigo.

Desee buena suerte a ambos seres. Mucha más al que, a partir de ese momento, podría comenzar un largo viaje.

Imágenes tomadas de www.flickr.com

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12 comentarios · Escribe aquí tu comentario

cursor

cursor dijo

Paco!
Qué onda tan escatológica, prometo no hacer leña de tu moco caido.
¿Y tu, te cuidas las espaldas?
Jajaja!
¡A lo mejor y hasta impusiste una moda en el saludo político!
Y bueno, ya lo dice Palomares en su himno al moco: todo moco pasado fue mejor.
Saludos!

3 Septiembre 2007 | 06:17 AM

Paco

Paco dijo

Ese Cursor! Más que escatológica, por su importancia, por su lugar en el mundo, esta es una onda mocológica. Acúñese este nuevo término para expresar situaciones como esta, donde se debate uno entre el solaz y lo políticamente correcto.

Un abrazo señor, ¿con palmadita o sin palmadita?

Abrazote!

3 Septiembre 2007 | 03:46 PM

Diana

Diana dijo

Jajajaja!!! ¿ahora resulta que no sólo se dan puñaladas por la espalda?...

5 Septiembre 2007 | 11:52 PM

Paco

Paco dijo

Hola Diana!

Ponrle que no puñaladas por la espalda, traperas menos, pero mira, así como se siembran evidencias puedes digamos que sembrar otras cositas. ¿A poco no se te antoja de pronto hacerlo? Nomás un favor, cuando andes en el intento procura siempre hablarnos de frente, no arrojar monedas al piso y menos intentar saludos de política.

Saludote!!!

6 Septiembre 2007 | 12:06 AM

Diana

Diana dijo

Ambas circunstancias (la de sembrar "cositas" y la de saludar políticos) están todavía fuera de mi curriculum vitae, jajajaja!!! Para lo primero, cuento con mis inseparables amigos los pañuelos faciales, y para lo segundo, definitivamente echaría a correr en sentido contrario, jajajaja!!!

Saludos!!!

6 Septiembre 2007 | 12:16 AM

Paco

Paco dijo

Jijos! Dichosa tú que tienes pañuelos faciales a la mano. Te aseguro que muchos, y me incluyo, apenas alcanzamos a desplegar la tejita que formamos con el papel estraza (¿así se escribirá?) que nos sobró de los de suaperro, jajajaja. Más saludotes!!!

6 Septiembre 2007 | 12:19 AM

Diana

Diana dijo

Jajajaja!!!! Los de suaperro tampoco entran en ni curriculum, jajajaja!!! Si a caso algunos de "muerte lenta" al pastor...

Otra vez saludos!!!

6 Septiembre 2007 | 12:23 AM

Aldonza

Aldonza dijo

Realmente muy interesante, es difícil hacer la crónica humorística y vaya si me hizo reír jajaja, situaciones cotidianas, formas de vida y cultura que se fleja en un escrito, el alma de una sociedad y un individuo envuelto en la sutileza de la diplomacia pero sin perder esa propia naturaleza. Prometo leer las demás

6 Septiembre 2007 | 03:17 AM

Paco

Paco dijo

Estimada Diana no nos desviemos, jajaja. Pa sacarse los mocos cualquier papel será bueno. Lo imcomparable, si se quiere ver así, es el piqueteo a las fosas nasales. Luego, si deseas, puedes echar mano del kleenex. Aunque, claro, a ver qué dice tu curri al respecto, jajaja.

Saludote!

6 Septiembre 2007 | 05:25 AM

Paco

Paco dijo

Querida Aldy (creo que soy el único que te dice así, qué chido), gracias por tu comentario. Mira, creo que es fácil reirse de la vida. Se requieren tres cosas, claro, en este caso. Tener dedos largos, un poco de tiempo y uno que otro moco molestón.

No, no es cierto. Entre la diplomacia y la naturaleza propia escojo el humor involuntario, la mirada reflexiva y las ganas tremendas de vivir para vivir. No hay más.

Saludazo!!

6 Septiembre 2007 | 05:36 AM

Miriam

Miriam dijo

Mi querido Paco, como dicen: en gustos se rompen generos y en el corazón y el gusto literario no se manda: no me gusta para nada tu crónica del moco, solo agrego que: bien escrita si está, creo que eso es bastante, harto, remucho. Abrazo fuerte.

10 Septiembre 2007 | 11:07 PM

Paco

Paco dijo

Más querida Miriam, como digo: este moco no se puso pa empachar a nadie y ahí entiendo el cuidado (deja me río, jajaja). Inapreciable para mi tus visitas y tus comentarios. Nada hace más rica la versión de uno que la diversidad. En los gustos de los demás aprendo y aprendo, más cuando se trata de enterados e iniciados.

Saludazo!!!

11 Septiembre 2007 | 12:56 AM

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Este soy yo/ Arte Digital Sáenz Francisco Vázquez Salazar Cursé la Licenciatura en Comunicación y Periodismo en la Facultad de Estudios Superiores Aragón, de la Universidad Nacional Autónoma de México. Ver más sobre mí enlace

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